Si hay esperanza para los padres defectuosos

17 JUNIO, 2022  |  GERSON MOREY

La expresión «un padre ejemplar» puede sonar subjetiva, imprecisa y hasta exagerada cuando tomamos en cuenta la realidad del pecado. Aun nuestra mejor versión como cristianos está manchada por el pecado y la paternidad no es la excepción. Incluso un padre ejemplar es culpable de una paternidad defectuosa.

Así lo vemos en el testimonio bíblico. Aquellos que consideramos como «hombres ejemplares» también estuvieron marcados por su maldad, torpeza e incompetencia. Sus pecados no son minimizados ni escondidos, sino expuestos y registrados para nuestra instrucción (1 Co 10:11).

Pero hay esperanza para el pueblo de Dios. Todos los que servimos y obedecemos de forma defectuosa tenemos razones para estar tranquilos y con esperanza. Hay consuelo y ánimo para nuestra paternidad defectuosa. La gracia de Dios ofrece ayuda verdadera para padres que luchan con la conciencia de sus defectos y torpezas.

En nuestro Señor, en Su gracia y en Su Palabra encontramos razones para tener esperanza como padres defectuosos que confían en Él.

Ante nuestra culpa

Las malas decisiones y los pecados del pasado producen una culpa que puede convertirse en una carga difícil e insoportable. Todo padre comete errores, pero algunos errores tienen un impacto más destructivo en los hijos y en la familia, muchas veces con efectos permanentes. Nuestros errores y sus consecuencias suelen venir acompañadas por una sensación de descontento y desasosiego.

El cargo de conciencia no es algo liviano porque cuando un padre falla en el cumplimiento de su deber, está pecando principalmente contra el Dios justo y santo. Pero un padre pecador encontrará perdón, alivio y esperanza en la justicia de nuestro Señor.

La gracia de Dios ofrece ayuda verdadera para padres que luchan con la conciencia de sus defectos y torpezas

¡Cuán concreta es la gracia de Cristo que perdona y restaura los pecados de papá! En medio de la culpa, un padre defectuoso puede encontrar verdadero consuelo en la justicia que Cristo aseguró por nosotros (2 Co 5:21).

Cuando confiamos en Él, Su justicia es contada a nuestro favor, la culpa es removida y el pecado es perdonado. Por eso Pablo decía que no quería ser hallado con su propia justicia, sino en la que es de Cristo (Fil 3:9). Él reconocía que su buena conducta y piedad no eran suficientes para ser aprobado. La única manera de estar en una relación correcta con nuestro Creador es cuando somos declarados justos por medio de la justicia de Cristo.

Todo pecado conlleva consecuencias y, en muchos casos, serán permanentes e irreparables en esta vida. Pero no debemos permanecer en el reproche o el autocastigo. Nuestro pecado, que fue real y concreto, también recibe perdón real y concreto por la sangre de Cristo.

Ante nuestra incapacidad

La experiencia de ser padre encontrará obstáculos y desafíos, como la vida misma. Todo esto pondrá en evidencia nuestras limitaciones, torpeza e ineficacia.

La sensación de incapacidad que acompaña a la paternidad es real y abrumadora. Las razones pueden ser muchas y diversas, ya sea porque nunca tuvimos un modelo en casa de lo que significa ser padre, por no contar con la ayuda del cónyuge, por criar hijos desafiantes y rebeldes o por nuestros propios defectos, temores y pecados.

Un padre defectuoso puede encontrar verdadero consuelo en la justicia que Cristo aseguró por nosotros

Es decir, ya sea por falta de ejemplo, falta de ayuda o por causa de nuestro pecado, la frustración puede ser lo que caracterice nuestra experiencia como padres. En más de una ocasión un padre encontrará la crianza cristiana como un obstáculo imposible de cruzar.

Pero la frustración en la paternidad tiene esperanza. Nuestra impotencia por la dificultad que supone la crianza o la relación con un hijo difícil debe encontrarse con la gracia divina que nos sostiene y capacita.

Cristo prometió estar con nosotros y eso lo cumple por medio de la persona del Espíritu (Jn 14:17-18). El Espíritu Santo que habita en nosotros no solo significa compañía sino también capacidad. El Ayudador que está con y en nosotros es la fuerza santificante, capacitadora y sustentadora en la iglesia. La gracia de Cristo es traída por el Espíritu sobre el creyente como el poder que lo energiza para honrar y obedecer a Dios. 

La gracia divina es ayuda real, diaria y suficiente para papá.

Ante nuestra sociedad

La paternidad es una idea de Dios. Cumple una función y propósito que no cambian con las épocas ni las tendencias o actitudes de la sociedad. Hay que enfatizar esto, porque la actitud hostil de nuestra generación hacia toda forma de liderazgo masculino nos puede llevar a cambiar de opinión y menospreciar el papel que un padre juega en el desarrollo de sus hijos.

En medio de este clima adverso debemos recordar y descansar en que la paternidad es el diseño, propósito e idea de Dios. Los padres no debemos inquietarnos ante la voz de protesta que cuestiona, resiste o minimiza el liderazgo del hombre. La figura paterna es una necesidad producto del diseño de Dios. No debemos intimidarnos.

Incluso si los ataques de esta época se dirigen hacia nuestra paternidad defectuosa, esto no reduce el valor y propósito que Dios dio a la figura del padre. Debemos confiar en Su sabiduría, pedir Su ayuda y esforzarnos por vivir para Su gloria, reconociendo nuestras limitaciones.

La gracia divina es ayuda real, diaria y suficiente para papá

Nuestro rol como padres es irremplazable y una paternidad responsable es de gran beneficio en la crianza de los hijos, el bienestar de la familia y el florecimiento de la sociedad. Ser padres es un gozo y una gran responsabilidad.

¡Cuánta esperanza!

Cuánta esperanza tiene el padre defectuoso en el perdón y la justicia de Cristo. Es un consuelo precioso saber que, incluso en medio de las consecuencias de nuestros pecados, Dios está por nosotros y con nosotros en Cristo (Ro 8:31Mt 28:20).

Cuánto ánimo hay en saber que la gracia que nos perdona también es la gracia que nos capacita para la paternidad difícil y desafiante.

Cuánta esperanza hay en saber que Dios es el mismo, que Sus propósitos con el hombre no cambian y que Su diseño con la paternidad permanecen, aunque la humanidad moderna piense lo contrario.

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