LA IGLESIA: UNA Y SANTA

La iglesia está compuesta de aquellas personas que Dios ha reunido en Cristo. El Nuevo Testamento no promueve un fuerte individualismo. Por supuesto, nadie se salva por la fe de otra persona de modo que, en ese sentido, la fe es altamente individual. Sin embargo, Dios salva a individuos para establecer un cuerpo de muchos miembros. Así como hubo una entidad de pueblo en el Antiguo Testamento —Israel— en el Nuevo Testamento hay un cuerpo compuesto por personas, la iglesia.

El Nuevo Testamento utiliza varias metáforas para describir a la iglesia. Una de ellas es el cuerpo humano. Ya exploramos esa figura brevemente cuando estudiamos el ministerio del Espíritu Santo. El apóstol Pablo usó la idea del cuerpo para describir la unidad y diversidad que se encuentra en la iglesia visible de Cristo. No todos tienen la misma tarea ni las mismas capacidades; hay variedad para proveer salud orgánica a todo el cuerpo.

La iglesia también se describe en el Nuevo Testamento como laos theou, «el pueblo de Dios». La palabra «laico» proviene de esa palabra griega, laos.

Cuando Jesús y los apóstoles hablaban de la naturaleza de la iglesia, a veces usaban la metáfora de un edificio. La iglesia no es un edificio; más bien la iglesia es como un edificio que tiene cimientos, columnas y paredes. La gran mayoría de los cristianos cree que Cristo es el fundamento de la iglesia, pero eso no es correcto. Cristo es la piedra angular. El verdadero fundamento es el de los apóstoles y profetas (Efesios 2:20). El resto de la iglesia se compone de piedras individuales (w. 21,22; 1 Pedro 2:5). Cada creyente en Cristo que es parte de la iglesia visible es una piedra en la construcción de la iglesia de Dios.

La iglesia también ha formulado maneras de describirse a sí misma. Estas se encuentran principalmente en el Credo Niceno (ver apéndice) producido por el Concilio de Nicea (325 d. de J.C.). El Credo define a la iglesia con cuatro atributos definidos: una, santa, católica y apostólica. Aunque esos términos casi no se usan en el día de hoy, particularmente en el protestantismo evangélico, proveen una maravillosa descripción de la iglesia. En este capítulo vamos a considerar los primeros dos: una y santa.

LA IGLESIA ES UNA

En las últimas décadas, el movimiento ecuménico ha hecho esfuerzos apasionados para lograr que las distintas denominaciones cristianas colaboren y participen en una organización cristiana mundial. Este esfuerzo ha sido motivado por la fragmentación y la desintegración de la iglesia visible. En los Estados Unidos de América hay más de dos mil denominaciones protestantes diferentes. Debido a esa realidad de fragmentación, muchos creen que la iglesia puede recuperar su efectividad solo si se une para comunicarse con el mundo en unidad.

Además, el movimiento ecuménico encuentra motivación en la oración de Cristo por la iglesia: «Yo les he dado la gloria que tú me has dado para que sean uno, así como también nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente unidos; para que el mundo conozca que tú me has enviado, y que los has amado como también a mí me has amado» (Juan 17:22, 23).

Este hecho de la falta de unidad en la iglesia visible hoy en día es más escandaloso porque parece ir en contra del deseo de la cabeza de la iglesia, Jesucristo.

Sin embargo, la falta de unidad no significa que no hay unidad en la iglesia verdadera; tampoco significa que Cristo ha fallado como nuestro intercesor. Esto es claro si aceptamos el concepto de la iglesia invisible como Agustín lo explicó. De hecho hay una unidad genuina en la iglesia, y existe cruzando líneas y fronteras denominacionales en la comunión invisible, la comunión de los santos. Hay una comunión que no ha sido quebrantada, una unidad espiritual entre todos los verdaderos cristianos en virtud de su unión común con Cristo.

Por lo tanto, la oración de Cristo ha sido contestada. Todos los cristianos disfrutamos una unidad de misión en la cual tenemos un Señor, una fe y un bautismo (Efesios 4:4, 5). Seguramente hay falta de unidad en la iglesia visible, pero eso no es tan importante como la realidad de unidad que disfrutamos en virtud de nuestra comunión compartida en Cristo.

Siempre hay individuos descontentos que quieren romper con la organización y comenzar algo nuevo. Debemos ser conscientes en nuestro intento por preservar la unidad con otros cristianos profesantes. Por supuesto que habrá momentos en los que tendremos que romper la comunión con otros grupos o instituciones, pero en general debemos procurar estar unidos con tantos cristianos como sea posible. Las iglesias se dividen de una manera demasiado fácil y por una multitud de razones, aunque casi siempre se dividen sobre temas insignificantes o permanecen unidas a pesar de divisiones en asuntos de importancia sustancial. No debemos negociar los puntos esenciales del evangelio, pero tampoco debemos romper la comunión por asuntos menores.

LA IGLESIA ES SANTA

La iglesia también es santa, aunque desde otro punto de vista puede ser que la iglesia sea la institución más corrupta sobre la tierra. Podemos ver a la iglesia como algo corrupto si consideramos cómo se mide la corrupción. Se nos dice en las Escrituras: «Porque de todo aquel a quien le ha sido dado mucho, mucho se demandará de él; y de aquel a quien confiaron mucho, se le pedirá más» (Lucas 12:48). Ninguna institución ha sido tan bendecida como la iglesia cristiana. A ninguna institución se le ha dado una misión más sagrada. Cuando fallamos y no obedecemos esa misión, el resultado es corrupción.

El significado primario de la palabra santa es «apartada», o «consagrada», lo cual se conecta directamente con el significado mismo de la palabra ekklesia, que significa «los llamados a salir». La iglesia está compuesta de aquellos que han sido llamados a salir y ser puestos aparte para una tarea santa. La iglesia es santa porque tiene una vocación santa. 

Vale la pena notar que la iglesia es la única institución en la historia del mundo a la cual Dios le ha dado una garantía absoluta de que, a fin de cuentas, no fallará. Las grandes instituciones del mundo vienen y van, pero la iglesia de Jesucristo se mantiene. Jesús dijo de la iglesia que «las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mateo 16:18). En el mundo antiguo, las puertas eran mecanismos defensivos. De modo que, si nos basamos en lo que dijo Jesús, la iglesia tiene la tarea de atacar las fortalezas de Satanás y esas fortalezas no pueden resistir el poder que le ha sido investido a la iglesia.

También la iglesia es santa porque está compuesta de gente en la que mora el Espíritu Santo. La iglesia es la institución del Espíritu Santo. Seguramente el Espíritu trabaja en la vida de mucha gente de una gran cantidad de otras instituciones, pero la iglesia es el punto central del ministerio del Espíritu. Los medios de la gracia de Dios no están restringidos a la iglesia visible, pero sí están concentrados ahí. En el campo visible de Israel no todos fueron salvos; como escribió Pablo: «… no todos los nacidos de Israel son de Israel» (Romanos 9:6). Sin embargo, también escribió: «¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿O qué beneficio hay en la circuncisión? Mucho, en todo sentido. Primeramente, que las palabras de Dios les han sido confiadas» (Romanos 3:1, 2). La iglesia tiene la predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos u ordenanzas, y la adoración de Dios en reuniones públicas, y es ahí donde los cristianos se reúnen para tener comunión. La iglesia puede ser llamada «santa» en la medida en que es el principal territorio del Espíritu Santo y el lugar donde los santos se reúnen. 

Fuente: TODOS SOMOS TEOLOGOS Una introducción a LA TEOLOGÍA SISTEMÁTICA, R.C. Sproul, Editorial el Mundo Hispano, El Paso, TX, 2015.

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